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lunes, 23 de junio de 2014

Como influye el envejecimiento en las caídas


Con la edad, se pierde musculatura, las articulaciones se desgastan, la columna vertebral se encorva, las plantas de los pies no sienten como antes las irregularidades del suelo, el paso se hace lento y más corto, y se tropieza con mayor frecuencia, porque cuesta más levantar los pies del suelo.

Al mismo tiempo, se pierde oído y vista disminuyendo la percepción de los obstáculos. La parte del oído interno responsable de mantener el equilibrio, también envejece, lo que favorece las sensaciones de vértigo, que desestabilizan la marcha.

Además, a edades avanzadas es más difícil compensar ciertos déficits ya que una persona que sufra vértigos, pero que tenga buena vista, podrá integrar en los ojos nociones de equilibrio que impedirán que se caiga, pero las posibilidades de este tipo de compensación disminuyen a medida que se pierde vista.

Por todas estas razones, los ancianos tienen mayores dificultades para caminar, y su equilibrio es más precario. Pero, afortunadamente se puede frenar los efectos del envejecimiento sobre la marcha


No dejar nunca de caminar, cueste lo que cueste. El sistema locomotor se atrofia a medida que deja de utilizarse. Hacer ejercicios de estiramiento de la espalda y de la columna cervical. Después, con los ojos cerrados, moverse hacia delante y hacia atrás, y pedalear en una bicicleta estática.

Para cuidar el esqueleto, la musculatura y las articulaciones, es necesaria una alimentación adecuada, rica en calcio y proteínas, pero que no añada kilos de más. Por otra parte, para poder seguir caminando, no hay que dudar en recurrir a una intervención quirúrgica de rodilla o de cadera si es preciso, de la misma forma que no hay que retrasar... una operación de cataratas para conservar la vista y no perder autonomía.




jueves, 18 de abril de 2013

Fraudes y engaños a personas mayores



Cualquier persona puede ser victima de los delincuentes, pero la tercera edad es uno de los sectores preferidos de estos, por su escasa posibilidad de defensa, y porque suelen pecar de confianza. 
Hay que  hacerles ver que deben adoptar una serie de medidas de protección para minimizar los riesgos y complicarles las cosas a los delincuentes.

Los tirones de bolso son uno de los delitos que más padecen, y esto no solo les conlleva a una pérdida material del dinero, documentos u otras pertenencias que lleven encima, sino que además supone un grave peligro de caída al intentar sujetar el bolso, con los consiguientes riesgos de rotura de cadera o algún otro traumatismo.

Los ladrones suelen vigilarles y cerciorarse de que llevan encima cantidades importantes de dinero, especialmente cuando salen del banco, ya que la mayor parte de los jubilados tienen por costumbre ir a sacar toda la pensión cuando cobran, por lo que es mejor no sacar grandes cantidades de dinero o pedir a un familiar o persona de confianza que les acompañe y esté pendiente de si hay alguien sospechoso en las inmediaciones.

Una buena práctica es domiciliar los recibos para no tener que ir a la entidad a pagarlos.

Los timadores muestran también predilección por los ancianos, y suelen colarse en las casas haciéndose pasar por revisores del gas o la electricidad realizando falsas inspecciones y cambiando piezas innecesarias, por las que cobran precios desorbitados, en el caso de las revisiones de instalaciones de gas o electricidad hay que pedir siempre la identificación y tener en cuenta que las compañías siempre avisan antes, además los servicios y las piezas no se pagan en el momento, sino en la siguiente factura.

Deben acostumbrarse a no abrir a desconocidos y es bueno tener una cadenita en la puerta.

Los mayores, utilizan cada vez con más frecuencia Internet, y la red es un territorio abonado para los fraudes, por lo que hay que advertirles que nunca hay que dar datos bancarios. Ninguna entidad pide esta información por correo electrónico y hay que fijarse en que las páginas que se visitan sean de confianza. 

Para combatir los timos telefónicos, en los que a través de una llamada pueden activarse servicios de pago, basta con desconfiar de los desconocidos y cortar la comunicación en cuanto surjan sospechas. "Los ancianos deben entender que no pasa nada por colgar el teléfono o decir que no les interesa una oferta determinada".

Desgraciadamente, todas las amenazas no vienen del exterior ya que los mayores sufren también fraudes por parte de familiares y allegados, que en ocasiones les vacían las cuentas con papeles que ellos han firmado sin saber qué estaban autorizando exactamente. 

El portal o el ascensor de su domicilio, son muy utilizados por los ladrones para abordar a sus víctimas cuando se encuentran solas, para sustraerles los objetos de valor empleando la fuerza, siendo en ocasiones bastante violentos. Por ello hay que evitar acceder a estos espacios junto a personas ajenas al edificio, y en caso de que algún desconocido adopte actitudes sospechosas no dudar en avisar a la Policía. 

También son frecuentes los robos en las propias viviendas de los ancianos porque estos han permitido el paso a desconocidos. Los cacos con la excusa de pertenecer a  alguna empresa para hacer alguna oferta comercial o alguna encuesta entran en el domicilio, y una vez dentro piden un vaso de agua o ir al baño para quedarse solos y así sustraer objetos de valor y dinero. La medida más eficaz a tomar ante estas situaciones, es no permitir el acceso a la casa a ningún desconocido. 

No llevar bolso, y si se lleva llevarlo  bien sujeto y la cartera en bolsillos interiores, no ofrecer resistencia si se produce un tirón para evitar que les derriben, no abrir la puerta ni permitir entrar en el domicilio a desconocidos y no sacar grandes cantidades de dinero en cajeros automáticos. Éstas son las principales recomendaciones de la Policía Nacional a las personas mayores para evitar que sean víctimas de robos.


lunes, 10 de diciembre de 2012

Llegó el frío


Al final llegó el frío, aunque este año tardó un poco más de lo habitual en hacerlo.
Os habéis preguntado alguna vez de qué forma afecta el frío a nuestra salud?
Según diversos estudios por debajo de 6ºC de temperatura máxima se produce un incremento brusco de la mortalidad, y esto no solo es debido a resfriados o gripes, con el frío aumentan también los infartos y derrames cerebrales.
Cuando el cuerpo se expone a temperaturas muy bajas pierde más calor del que es capaz de generar y los vasos sanguíneos de la piel se contraen para conservar la temperatura corporal, además la composición de la sangre también cambia con el frío, haciendo que el corazón trabaje con más fuerza para bombear la sangre a través de los vasos contraídos, y a su vez los cambios en la concentración sanguínea aumentan el riesgo de coágulos y de los problemas que estos provocan.
En cuanto a los resfriados y otras infecciones, el aire frío afecta el modo en que el tracto respiratorio nos protege de enfermedades, ya que produce una mucosidad más densa que es menos efectiva para deshacerse de los patógenos intrusos como los virus.
También existen evidencias de que virus como el de la gripe se vuelven más agresivos cuando hace frío, ya que los científicos han descubierto que a temperaturas bajas, el virus desarrolla una capa dura y flexible, (una especie de recubrimiento robusto) que incluso es resistente a los detergentes. Una vez que el virus entra al tracto respiratorio esta capa protectora se derrite para poder infectar con facilidad a su nuevo huésped.
Las personas más vulnerables a estos cambios suelen ser los ancianos y los sujetos que tienen un bajo sistema inmune, por lo que se hace necesario protegerlos del frío.
Es fundamental conseguir un buen aislamiento térmico de la vivienda, evitando las corrientes de aire y las pérdidas de calor por puertas y ventanas y cerrar las habitaciones que no se utilicen, tratando de mantener la temperatura de nuestros hogares en entre 18ºC y 21ºC, ya que si pasamos más de dos horas a 12ºC esto provocará un aumento en la presión arterial, lo cual a su vez incrementa el riesgo de un infarto o derrame cerebral.
Los diferentes tipos de vivienda, sus sistemas de calefacción y aislamiento, los hábitos alimenticios, y de costumbres sociales hacen que una misma baja temperatura tenga diferente repercusión en la salud de unas personas con respecto a otras.
Los alimentos proporcionan calor a nuestro cuerpo, y el frío hace que aumenten las necesidades calóricas,  por lo que conviene hacer comidas que aporten la energía necesaria además de calor (legumbres, sopas etc) pero sin renunciar a una alimentación variada que incluya el resto de alimentos.
A lo largo del día y antes de acostarse una taza de alguna bebida caliente ayuda a mantener la temperatura corporal y es muy reconfortante.
En cuanto al alcohol, y en contra de lo que pueda parecer, al producir vasodilatación, hace que el cuerpo pierda calor por lo que debe evitarse cuando se está expuesto al frío.
No debemos pretender estar en mangas de camisa, ya que una temperatura de 21- 22 grados debería ser suficiente para sentirnos cómodos y si el sistema de calefacción es inexistente o insuficiente, no habrá más remedio que abrigarse con todas las prendas que sean necesarias para mantener la temperatura corporal.
Por otra parte, debe tenerse suma precaución con las estufas de leña y gas para evitar riesgos de incendios o de intoxicación por monóxido de carbono, por lo que hay que asegurarse de que funcionan bien antes de ponerlas en marcha y de que dispongamos de una buena ventilación.
Además es sumamente importante que todas las personas mayores estén vacunadas contra la gripe, ya que en estas personas, sobre todo si padecen además enfermedades crónicas, cardiorrespiratorias, diabetes etc, la gripe puede suponer un grave riesgo para su vida, además de saturar las urgencias de los hospitales.
Conviene saber que hay muchas medicinas que facilitan la pérdida de calor, por lo que no hay que tomar medicamentos sin que hayan sido recetados por el médico.
Los ancianos pierden la capacidad de sentir cambios bruscos de temperatura, por lo que se recomienda a las personas de más de 65 años, instalar un termómetro en un lugar visible para vigilar constantemente la temperatura del cuarto.
Las bajas temperaturas no ocasionan la Artrosis, pero pueden agravar las dolencias típicas de esta enfermedad, por lo que se hace necesario extremar las precauciones, evitando cambios de temperatura bruscos y tomando baños con agua caliente para disminuir la rigidez además de evitar aquellas actividades que requieran gran esfuerzo físico si la persona no está entrenada.
En muchos casos también se acentúa la Dermatitis ya que  el frío, el viento y la humedad contribuyen a resecar la piel, acentuando los eccemas y las grietas en las zonas expuestas de la piel, como la cara y las manos.
Las personas mayores que vivan en áreas de frío extremo, deben dedicar especial cuidado a la nieve y el hielo, ya que pueden estar más predispuestas a caídas y consecuentemente a fracturas, por lo que es recomendable el uso de calzado adecuado.
Además un adulto mayor que durante la mayor parte del año lleva una vida normal, puede tender a aislarse, durante el invierno, pudiendo esto crear un episodio depresivo, por lo que si observamos a nuestros seres queridos con fatiga, desánimo, irritabilidad o somnolencia podríamos considerar la posibilidad de una depresión.



jueves, 20 de septiembre de 2012

La enfermedad del olvido



La enfermedad de Alzheimer, está íntimamente ligada al envejecimiento, causando lesiones cerebrales como  la pérdida de memoria y otras funciones como el lenguaje y alteraciones de conducta, como depresión, alucinaciones y agresividad. 

La enfermedad es progresiva, pero existen diversos tratamientos que mejoran la capacidad cognitiva y funcional de los enfermos, así como las alteraciones de conducta. 

Los dos factores de riesgo más importantes son la edad y los antecedentes familiares, aunque se han estudiado otros muchos otros.


Las personas mayores de 65 años tienen un 10% de riesgo de tener la enfermedad, mientras que este se eleva a casi el 50% en los mayores de 85 años.

Los individuos cuyos padres o abuelos han tenido demencia tienen más riesgo de desarrollarla, sin embargo la enfermedad se considera hereditaria en menos de un 1% de los casos. Conocer la predisposición puede ayudar a hacer un diagnóstico temprano y a encontrar tratamientos precoces, por lo que en un futuro puede tener gran utilidad.

Una vez diagnosticada  comienza un proceso muy difícil, tanto para el enfermo como para las personas que le rodean. Todo el entorno del enfermo, la casa y la familia, deberá ser reorganizado para evitar cualquier tipo de lesión,  facilitar el manejo de situaciones complicadas, y para asegurar una calidad de vida adecuada al enfermo y a sus cuidadores. 

Por lo que se deben adoptar medidas para: 
Evitar caídas.
Evitar accidentes, retirando todo tipo de materiales cortantes, inflamables y tóxicos. 
Es recomendable equipar la bañera con barras que faciliten la entrada y salida de la misma, y con bandas antideslizantes. Instalar seguros en ventanas y puertas, y no dejar nunca solo al paciente en lugares como terrazas, escaleras, y otros lugares que puedan resultar peligrosos para él. Es muy recomendable tener siempre a mano el número de teléfono del servicio de urgencias o centro de salud más cercano. 
No dejar nada que pueda caerse con facilidad o con lo que se pueda tropezar. Además, es conveniente no cambiar las cosas de sitio para no desorientar al enfermo. 
Es bueno indicar el recorrido desde el dormitorio hacia el baño y la cocina, y se pueden colocar carteles con el nombre (y a ser posible un dibujo sencillo) de estas estancias en la puerta. 

Ya desde las primeras etapas de la enfermedad se debe crear una rutina y seguirla lo más fielmente posible, lo que ayudará al enfermo a orientarse en el espacio y en el tiempo. Esto también se puede conseguir facilitándole el acceso a un calendario donde este pueda ir tachando los días, elaborando una lista de actividades, o situando a la vista un reloj que pueda comprender (normalmente les resulta más fácil interpretar los relojes digitales). 

La familia va a vivir y sufrir con el enfermo de Alzheimer todo el progreso de su enfermedad. Los cambios que van a ocurrir supondrán en muchos casos la aparición de sentimientos negativos (depresión, miedo, ansiedad, culpabilidad…), y un nivel de estrés y desgaste, tanto físico como psicológico, 

Para evitar que la pesona que lo cuida sufra el sindrome del cuidador debe en primer lugar, estar informada y recibir algún tipo de formación que la oriente en el desarrollo de su función. En segundo lugar, debe saber que dispone de ayuda siempre que la necesite, apoyo psicológico, social y familiar. Por último, y no menos importante, el cuidador debe tener tiempo para descansar y poder realizar actividades fuera del entorno del enfermo. En definitiva, no se debe olvidar que tan importante como el bienestar del paciente es el mantenimiento de la calidad de vida de las personas que le rodean.