
Una de las frases escuchadas más frecuentemente de las personas mayores es «estoy fatal de los huesos».
Con los años, los síntomas de la artrosis se hacen más frecuentes y molestos, y contrariamente a los que se suele pensar, la artrosis no es una enfermedad de los huesos.
La artrosis es una enfermedad producida por el desgaste del cartílago, tejido que hace de amortiguador al proteger los extremos de los huesos y que favorece el movimiento de la articulación. Es la enfermedad reumática más frecuente, especialmente entre personas de edad avanzada.
El dolor musculo esquelético en los ancianos es frecuente e incapacitante. Si bien la mayor parte de las afecciones que causan dolor reumático, no son curables, por lo que el control del dolor es primordial para mantener la calidad de vida de las personas de avanzada edad, aunque rara vez se consigue la remisión completa del dolor.
El tratamiento tendría que ser adaptado a cada persona, prestando atención al estado general de salud.
Que el resultado de el tratamiento sea o no favorable debería determinarse no sólo por el impacto de este sobre el dolor, sino también por su capacidad del aumento de la funcionalidad y la mejora de la calidad de vida.

El ejercicio bien hecho mantiene los cartílagos en buen estado, aumenta la movilidad y refuerza los músculos. Debe compensarse con el reposo de las articulaciones dolorosas, siempre teniendo en cuenta que una inmovilización prolongada tiende más a agravar la artrosis que a mejorarla.
Los síntomas del desgaste del tejido del cartílago articular se agudizan con el frío, aumentando el dolor, la rigidez y la deformidad.
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Los fármacos, desde un punto de vista global del tratamiento, deberían ser la parte menos importante del mismo.
Es preferible utilizar la menor cantidad posible debido a sus efectos secundarios. Los años no vienen solos y, junto a la artrosis, aparecen otras patologías como la hipertensión arterial, insuficiencia renal o lesiones gástricas, que pueden verse influidas por el uso prolongado de antiinflamatorios.
Es preferible utilizar la menor cantidad posible debido a sus efectos secundarios. Los años no vienen solos y, junto a la artrosis, aparecen otras patologías como la hipertensión arterial, insuficiencia renal o lesiones gástricas, que pueden verse influidas por el uso prolongado de antiinflamatorios.
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La artrosis debe aceptarse como un proceso normal del envejecimiento, el equivalente a las arrugas de la piel, en las articulaciones, y que a algunas personas afecta más que a otras. Existen una serie de medidas para prevenirla y una serie de fármacos que, una vez instaurada, nos ayudan a aliviar los síntomas, pero siempre teniendo en cuenta que la vida que les hayamos dado a las articulaciones, es la que estas nos proporcionarán más adelante.
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